Una cara menos visible: Consecuencias psicológicas de la prostitución

 In Derechos, Salud, Sexualidad, Violencia de género

Actualmente, sigue existiendo un intenso debate alrededor de un problema creciente en nuestra sociedad: la prostitución. Partidos políticos, feministas, y en definitiva la sociedad en general se cuestiona su posicionamiento respecto de la prostitución.

Por un lado, están las personas que apelan a que la prostitución puede y debe ser considerado un “trabajo como otro cualquiera” y que si se legaliza y regula la prostitución, numerosos problemas, como la trata, las condiciones precarias de las personas que la ejercen y la impunidad de los proxenetas podrían ser atajados.

Por otro lado, encontramos a quienes quieren abolir la prostitución: las personas abolicionistas. Aquí encontramos a la mayoría de feministas y a partidos políticos, que por fin se han posicionado por su erradicación, como son el Partido Socialista e Izquierda Unida.

Sin embargo, una de las cuestiones principales, desde mi punto de vista, por el que no se puede considerar un trabajo como otro cualquiera ni se puede anhelar su legalización bajo la falsa esperanza de que eso arreglará la situación de numerosas mujeres que se encuentran en esta situación EN CONTRA DE SU VOLUNTAD, es las devastadores consecuencias que tiene para la salud de las mujeres, y en concreto para su salud mental.

Las relaciones sexuales son algo complejo, donde todas las personas participantes, deben ser consideradas y considerarse a sí mismas como sujeto de las mismas.

Pero esto no ocurre en las relaciones sexuales entre un putero y una prostituta. Las mujeres prostituidas no son sujeto de las relaciones, no pueden tener voluntad ni decisión. La relación es completamente desigual y asimétrica.

Las mujeres prostituidas son consideradas como meros objetos al servicio de los hombres que las consumen.

Están sometidas al padecimiento de amenazas, maltratos, violaciones, abusos y humillaciones. Situaciones que llevan al sufrimiento de numerosas lesiones físicas, como por ejemplo, roturas de huesos, hematomas, cólicos, lesiones vaginales y anales, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados, entre otras múltiples.

Estas son las lesiones más visibles que pueden padecer. Pero parece ser que las lesiones psicológicas que sufren la gran mayoría de mujeres en esta situación no son tenidas en cuenta. La prostitución no sólo conlleva lesiones físicas, sino que tiene un grave efecto en la salud mental femenina. Efectos que son mucho más difíciles de superar que los físicos.

Uno de los efectos traumáticos que sufren la mayoría de las mujeres prostituidas es el Síndrome de Estrés Postraumático. Según datos de la OMS, alrededor del 70% de mujeres prostituidas lo sufren, padeciendo recuerdos repetitivos y traumáticos de experiencias vividas en la prostitución. Lo mismo afirma la Psicóloga Clínica Melissa Farley quien ha realizado un exhaustivo estudio con 130 mujeres prostitutas de entre 14 y 61 años de diferentes ciudades del mundo. Esta psicóloga acaba concluyendo que “la prostitución en sí misma debe considerarse como un factor de estrés postraumático”.

También sufren en numerosas ocasiones depresión, que es sufrida por alrededor del 70% de las mujeres prostituidas. Pero no sólo pueden sufrir depresión, sino también ansiedad, miedo, estrés y fobias.

La prostitución afecta notablemente a la percepción que tienen de sí mismas estas mujeres, teniendo muchísimos problemas de autoestima y un muy pobre auto-concepto.

En numerosas ocasiones sufren de trastornos de la alimentación, como son la anorexia y la bulimia, además de trastornos del sueño, especialmente el insomnio, derivados de la alerta y el estrés al que están sometidas para estar siempre disponible para un posible cliente, además del miedo constante con el que viven.

Muchas de ellas acaban abusando del alcohol y las drogas, como una vía de escape para la vida dolor y sufrimiento a la que están sometidas.

Finalmente, algunas de ellas deciden optar por el suicidio, cuyos intentos son muy frecuentes, además tienen una tasa de mortalidad 40 veces superior a la de la población general, especialmente por el gran riesgo que tienen de ser asesinadas.

Es decir, estas mujeres sufren innumerables problemas físicos y psicológicos derivados de la prostitución, que pueden ser arrastrados a lo largo de toda su vida. Una vida, que corre un gran riesgo de terminarse prematuramente por ser asesinadas.

Entonces, sabiendo todo esto (aunque aún hay mucho más), además de saber que entre el 90 y el 95% de las mujeres prostituidas están en contra de su voluntad, ¿cómo podemos pretender considerarlo un trabajo que te hace sufrir un infierno en vida?. Fácil, NO PODEMOS.

La prostitución no puede considerarse un trabajo. Es sólo una excusa más, para poder considerar a la mujer como mero objeto sexual al servicio de los hombres, simplemente para satisfacer sus deseos independientemente de los de las mujeres. Es decir, debemos considerarla como lo que es, la esclavitud del siglo XXI.

Showing 6 comments
  • Avatar
    Llúcia
    Responder

    genial, m’has donat moltes ides per a un treball de classe. moltes gràcies

    • Joana Albiñana Durá
      Joana Albiñana Durá
      Responder

      M’alegre haver-te ajudat 😉

  • Avatar
    Diego
    Responder

    Hola Joana:

    Te cuento que ahora tengo 26 años, sin embargo a eso de los 17, tuve que prostituirme para poder vivir debido al fallecimiento de mis padres… Encontrar clientes no me fue difícil ya que a lo largo de mi juventud siempre he sido un hombre de buena presencia y de relaciones interpersonales espontáneamente agradables… Sin embargo, ahora que miro hacia esa época de mi vida no puedo pensar en nada más que arrepentirme ya que manipulé una parte muy importante del desarrollo de mi propia sexualidad, perdí un tacto que nunca volveré a recuperar y que, actualmente, afecta en muchos ámbitos mi vida sexual. De partida, considero que es una actividad sofocante y exhaustiva por la que, independiente de que si fuese un cliente o un chico que genuinamente me atrae, se me debería pagar por dicho trabajo… El esfuerzo cognitivo y físico es impresionante. Analizando otras consecuencias, puedo confesar que mis períodos refractarios son extremadamente tajantes, una vez ya habiendo eyaculado, lo único que quiero es escapar, sin mirar ni hablar con nadie (incluso me ha pasado estando solo, durante la masturbación).

    Joana, son muchos los fenómenos psicológicos que afectan a las personas que alguna vez ejercieron prostitución y lo más lamentable es que el gran protagonista gatillante de tomar esa decisión es el gran problema de este planeta: el dinero. Creo que desde esa perspectiva de carencia económica, podemos llegar a mejores y más precisas conclusiones.

    La prostitución afecta por igual a hombres y mujeres… Si bien es cierto, el mundo de la prostitución masculina es un tema del cual aún estamos muy lejos para entender como sociedad, sin embargo, en tu posición de columnista, dejo las puertas totalmente abiertas si es que te surgen dudas respecto a mi caso en el marco de alguna investigación.

    Gracias por tu artículo y tu dedicación.

  • Avatar
    Fernando
    Responder

    Y qué hay de los hombres que consumen la prostitución??? Acaso no tienen también secuelas psicológicas?? No se vuelven irritables y depresivos o algo parecido?? Es extraño que éstas prácticas afecten más a un lado mientras que el otro pareciera ser inmune. Me gustaría que algún psicólogo(a) hiciera también un comentario al respecto sobre la salud o enfermedad mental de los consumidores de la prostitución.

    • Joana Albiñana Durá
      Joana Albiñana Durá
      Responder

      Los puteros no tienen ningún tipo de problema de salud mental. Son hombres que pagan por violar a mujeres que no les desean, punto. Son el producto del patriarcado.

  • Avatar
    Fabrizio
    Responder

    Yo nunca me fui con una prostituta porqué creo que antes de pensar con esa parte del cuerpo tenemos que pensar con el corazón y con el cerebro. Como se puede disfrutar de un acto de violencia? Creo que los hombres tenemos de curarnos y limpiarnos el cerebro. A veces tengo vergüenza de ser un hombre, y me alegro de tener una hija. Venga compañeros, vamos a callarnos de una puta vez y dejamos a las mujeres la capacidad de decidir. Hemos hecho bastantes daños.

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search