Cuánto cuesta el trabajo doméstico

 In Derechos

Incluso en el siglo XXI, las mujeres seguimos siendo las que principalmente nos ocupamos del trabajo doméstico. Un trabajo que no es valorado por la sociedad, y en consecuencia, mucho menos lo es económicamente. Pero tendremos que pensar, cuánto cuesta el trabajo doméstico.

Todos los análisis económicos se centran solo en trabajo de mercado. El trabajo doméstico no se considera ni siquiera un trabajo.

Cuando hay crisis económica este trabajo recae aún más sobre los hombros de las mujeres, cada vez más precarizadas. Pero este trabajo nadie lo tiene en cuenta, no es trabajo. Las mujeres y las tareas del hogar somos reducidas a la inexistencia y las políticas económicas nunca se centran en esto.

Pero, reitero, ¿cuánto cuesta el trabajo doméstico?

A pesar de reducir el trabajo doméstico a la casi inexistencia en los análisis económicos, parece claro que una sociedad no se puede sustentar simplemente mediante el trabajo mercantil.

La sociedad se mantiene tanto del trabajo mercantil como del doméstico, y este último es esencial para la mejora de la calidad de vida de una sociedad.

Además, permite a muchos de los individuos que trabajan, la liberación de las cargas del trabajo doméstico para poder desarrollar otro tipo de actividades.

Tradicionalmente los hombres no se han ocupado de las tareas domésticas, recayendo en su totalidad sobre las mujeres para así poder dedicarse al trabajo “productivo”.

A pesar de la importancia y de la esencialidad del trabajo doméstico, nunca se tiene en cuenta en los análisis económicos.

Si esto no se hace, es imposible visibilizar las actividades que realizan las mujeres, que son las que más se encargan de este tipo de actividades, aunque trabajen en el ámbito mercantil.

Muchas mujeres no aparecen en los análisis económicos por dedicarse a las labores del hogar, o aparece que su contribución a la economía es menor por las reducciones de jornada o la flexibilidad horaria que ostentan en su mayoría sin tener en cuenta la doble jornada.

De modo que, si se sigue ignorando el trabajo doméstico no remunerado se estará ignorando también la contribución de la mujer a la economía o su doble contribución.

Aunque los esfuerzos por saber cuánto cuesta el trabajo doméstico no remunerado que desde los años 90 se han tratado de realizar para estudiar, contabilizar y medir la contribución de este tipo de trabajo, estos siguen sin dar resultados.

Para ello se han utilizado especialmente las encuestas de usos de tiempos. Estas permiten conocer el número de horas que se dedican a diversas actividades, entre ellas, a las tareas domésticas.

Según diferentes estudios, como el de Leboutte y Socías (2015), si el trabajo doméstico se contabilizara en términos macroeconómicos, éste representaría entre el 10 y el 39% del PIB de los países. Incluso hay estudios que refieren que podría llegar hasta un valor del 50% (Moltó, 2013).

Con esto es posible comprobar que existen diferentes estudios con resultados variables, pero ninguno de ellos presenta un porcentaje desdeñable sobre cuánto cuesta el trabajo doméstico.

Estos porcentajes son muy elevados y denotan la enorme importancia y el gran valor que tiene el trabajo doméstico en la sociedad y la economía. Un valor que no se ha tenido en cuenta.

Además, el estado permitiendo, aceptando e incluso incentivando en cierto modo la doble jornada de las mujeres consigue ahorrar una parte importante del sostenimiento de las personas cuando transfiere dicha responsabilidad a las mujeres de forma no remunerada.

El estado invierte en educación, salud, empleo, y un largo etcétera, pero no en las labores de cuidados y domésticas. Porque mientras las hagan las mujeres sin remuneración el estado ahorra millones a costa de la precarización y explotación de las mujeres.

Es decir, el estado ahorra cuando “impone” el trabajo doméstico a las mujeres y lo excluye de la economía.

De modo que no incluirlo en los análisis o modelos macroeconómicos supondría analizar la realidad económica de forma distorsionada e inadecuada dejando fuera un porcentaje considerable de la riqueza, que en su gran mayoría, es aportada por las mujeres.

Por tanto, es realmente necesario ir más allá de contabilizar simplemente las actividades mercantiles, para hacerlo también con las que no lo son. Para que así, las actividades que tradicionalmente han realizado las mujeres, y que siguen haciendo en su mayoría, sean visibles  y valoradas al igual que las mercantiles.

Por ello es necesario continuar avanzando en el análisis del trabajo doméstico no remunerado, tanto en función de su valor monetario como de tiempo en el mantenimiento y sostenimiento de las sociedades.

Y cambiar la percepción que aún sigue existiendo en la sociedad  de que es el varón el sustentador de la familia y la sociedad.

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