El efecto del COVID-19 en las mujeres

 In Derechos, política, Violencia de género

Llevamos casi un mes desde que se decretó el estado de alarma a causa del COVID-19. Las consecuencias han sido múltiples y de distinta índole. Pero, ¿cómo nos afecta todo esto a las mujeres? El efecto del COVID-19 en las mujeres también es múltiple, aunque parece que este sea secundario.

Mucho se habla del futuro de la economía, del trabajo, de la clase obrera, de la vivienda… pero parece que, como siempre, las mujeres quedamos en un segundo plano.

En esta ocasión, se evidencia nuevamente, como una vez más, la carga más pesada para que todo, repito todo pueda funcionar, la llevamos las mujeres.

El colectivo más afectado, es el de las mujeres, especialmente en lo que respecta a los cuidados, trabajos de limpieza, servicios sociales, sanidad y trabajos en supermercados.

Es decir, aunque las mujeres siempre somos el colectivo más precarizado, las oprimidas entre las oprimidas, las crisis evidencian que las mujeres somos imprescindibles y que los trabajos que siempre “parecen de segunda”, son los que nos sacan adelante.

El efecto del COVID-19 en las mujeres pone de manifiesto, por si todavía no había quedado claro, la brecha de cuidados tan enorme que sigue existiendo. La corresponsabilidad no existe. Las mujeres, aunque ambas partes de una pareja heterosexual estén en casa, seguimos siendo las que se ocupan de cuidar de sus hijas e hijos, incluso aunque ella trabaje desde casa y él no.

Seguimos ocupándonos de las personas mayores y dependientes. Muchas incluso sin contratos de trabajo, con el gran riesgo que supone de contagio. Otras se habrán quedado sin trabajo y sin subsidios porque no estaban dadas de alta.

Los efectos del paro van a tener nuevamente cara de mujer. Las mujeres ocupan más del 70% de los contratos de jornada parcial, involuntariamente, para poder atender a las labores de cuidado.

También somos la mayoría de familias monoparentales, siendo estas las que más riesgo tienen de precarización y pobreza, acuciadas a causa del COVID-19.

Los medios de comunicación hablan de médicOs y enfermerAs, una muestra clara del sesgo de género y patriarcado en la medicina. Pero deberían hablar de médicAs y enfermerAs. Casi un 60% son médicas, y más del 90% son enfermeras. Por tanto los efectos del COVID-19 en las mujeres sanitarias son muy elevados y son ellas quienes llevan el peso de esta crisis.

También en las residencias de personas mayores, personas con enfermedades mentales, con diversidad funcional, somos nuevamente mayoría.

En cuanto a las cajeras de supermercado, son otra vez en su mayoría mujeres. Son ellas quienes están haciendo posible que vayamos a comprar y que podamos tener aquello que necesitamos.

Por último, quiero hablar de mi ámbito. Los Servicios Sociales y la psicología. Otro sector eternamente olvidado, puesto en un segundo plano, precarizado y feminizado, pero una vez más, esencial.

Los efectos del confinamiento ya se están empezando a notar en la salud mental de muchas personas. Están aumentando las crisis de ansiedad, la sintomatología depresiva, los problemas de sueño… la necesidad de profesionales de la psicología y la falta en el sector público, nuevamente se evidencia por la crisis.

En relación con los Servicios Sociales, vamos a tener que estar presentes no solo para las familias que venían estando en riesgo de exclusión social o en unas circunstancias precarias, especialmente con niños y niñas a cargo, sino que estas familias se van a multiplicar después de y a lo largo de esta crisis y los Servicios Sociales seremos quienes tendremos que estar ahí para ellas y ellos, aun sin medios suficientes.

Los niños y niñas del sistema de protección son otro colectivo vulnerable y las profesionales de la psicología, trabajo social, educación e integración social que les atienden, son mujeres.

Parece que los trabajos y las labores que realizados las mujeres siempre están precarizadas y minusvaloradas y son las que más recortes sufren cuando hay crisis, sin embargo son las más esenciales para la calidad de vida y el bienestar.

Los cuidados, la sanidad pública, las residencias, los centros de protección, la psicología, los Servicios Sociales, los supermercados, el personal de limpieza, son los servicios esenciales y son representados por mujeres en su mayoría.

Los bancos, las grandes empresas, las multinacionales… se comprueba que en estados de alarma y crisis no son sectores esenciales, sin los anteriores no nos recuperaremos, así que tengamos claras nuestras prioridades, no nos equivoquemos una vez más.

He querido dejar patente en este post como los efectos del COVID-19 en las mujeres son enormes y que existe una brecha de género importante que nos pone a las mujeres en riesgo por pertenecer a los servicios que se han visto esenciales, aunque precarizados durante décadas.

Por eso quiero dar las gracias a todas las mujeres que están haciendo posible y más fácil que podamos salir de esta crisis.

Dejando de lado los ámbitos profesionales, no puedo olvidar a las mujeres víctimas de violencia de género. Aquellas que desgraciadamente han visto agravada situación por el confinamiento.

Están conviviendo 24 horas al día con su maltratador, y si tienen hijas e hijos, estos también serán víctimas de ello. Las llamadas al 016 aumentan, más bien, se han disparado.

Estas mujeres no pueden ser olvidadas, se requieren medidas urgentes y contundentes.

La economía es fundamental, pero más lo son las personas. La economía no puede ser a costa de las personas mayores, dependientes, niños y niñas y mujeres.

No nos equivoquemos una vez más con a quien salvamos.

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