estrategias patriarcales violentas: moolaadé

 In Cine, Derechos, Violencia de género

Moolaadé es una película senegalesa que transcurre en un pueblo rural africano y en la que se muestra cómo es la vida cotidiana de las mujeres y los hombres. Muestra como la tradición y la ideología impregnan y controlan la vida rural africana, especialmente la de las mujeres, quiénes están sometidas a numerosas formas de violencia camufladas bajo el manto de la cultura, especialmente la mutilación genital femenina. De modo, que puede comprobarse como se dan numerosas estrategias patriarcales violentas.

Destacan las estrategias de violencia simbólica, una violencia sutil y bajo el amparo de un sistema de creencias, normas y valores que se basan en la superioridad masculina, que se acepta sin cuestionarla y sin entenderla como tal.

Es posible comprobar como los varones se encuentran siempre en una posición superior respecto de las mujeres, ellas para poder tener algún valor deben estar “purificadas”.

Es decir, no son adecuadas tal y como son, deben ser modificadas para que las acepte la sociedad, y especialmente, para que las acepte un marido. Un marido que ha sido elegido sin el consentimiento de la mujer o de la niña, ya que la mayoría de las veces son niñas obligadas a casarse. Se encuentra aquí otra estrategia patriarcal violenta, por la que los hombres pueden elegir con quién casarse, pero las mujeres no.

Se muestra la “purificación” como positiva y que libera a la mujer de su situación impura. Si no se casan porque no las acepta ningún hombre, por no haberse sometido a la purificación, se las margina y estigmatiza. Además, la mutilación genital femenina siempre aparece amparada bajo la tradición, es un mandato de la religión que no se puede cambiar, y ésta es lo primero.

Por tanto, aparece como una práctica destinada al control de la mujer, especialmente para controlar su sexualidad, justificándola bajo la tradición inmemorial que sigue siendo.

Otro aspecto que muestra esta violencia simbólica, es que las mujeres deben arrodillarse siempre ante cualquier hombre, y en especial ante su marido, que es su dueño y debe obedecerle, siendo dócil, que es como se afirma en la película que la mujer debe ser.

También se muestra como los hombres siempre se sientan en sillas o hamacas, en función de su rango social, y en cambio las mujeres en presencia de los hombres deben permanecer sentadas en el suelo, marcando así la superioridad masculina y la diferencia entre mujeres y hombres.

El poder es ejercido completamente por los hombres, especialmente por los más mayores quienes poseen el conocimiento, la sabiduría y la espiritualidad. Las únicas mujeres que tienen cierto poder son las “purificadoras”, que son las que hacen posible que siga la tradición, pero siempre bajo el mandato de los hombres y en una posición inferior.

De modo que, a parte de las purificadoras, que pueden obtener cierto poder por encima de las otras mujeres, las mujeres son consideradas meramente como procreadoras, dentro de la naturaleza, que su función más importante es traer a otros hombres al mundo, como también se afirma durante la película.

En cambio los hombres son los que poseen la espiritualidad, la razón y la sabiduría. Además, ellos tienen el derecho de casarse con diferentes esposas, y ellas deben estar sometidas a su marido, que es quien puede ejercer poder sobre ellas, sin embargo si el marido no está, ese poder lo puede ejercer otro hombre, como el hermano o el cuñado. Siempre estando por encima el hombre a la mujer.

Existen también diferentes ejemplos de violencia económica mediante la desigual asignación de los bienes económicos y recursos.

Se comprueba como las mujeres realizan muchas tareas (limpiar, traer agua, moler grano, cuidar de lxs niñxs…), sin embargo, ellas no reciben reconocimiento alguno por el trabajo que realizan ni tampoco remuneración. De modo, que existe también la división sexual del trabajo, por la que las mujeres se encargan del cuidado y los hombres de la producción.

El dinero está en manos de los hombres, hecho que se ve especialmente cuando va el “mercenario” a la aldea y muchas de ellas quieren comprar pero no pueden porque su marido, que es quién tiene el dinero, no está en el pueblo. De modo que ellas no tienen independencia económica alguna, cosa que, junto al control simbólico antes descrito, hace posible la sumisión de las esposas.

Un ejemplo que conjuga la violencia simbólica y la económica, es la confiscación de las radios a las mujeres. A pesar de que ellas logran con mucho esfuerzo comprarse una, bajo el dictamen del consejo de hombres/ancianos, los maridos les quitan las radios. Los consideran una mala influencia para ellas porque escuchan diferentes opiniones, como por ejemplo que el Islam no exige la “purificación” de las mujeres, se considera que provoca pensamientos inadecuados en las mujeres, pensamientos que las apartan de la tradición.

El despojo de las radios, simboliza el miedo de los hombres a que las mujeres puedan escuchar otras formas de pensar alejadas de la cultura imperante en la aldea. De modo que pretenden que ellas sigan en la ignorancia y el desconocimiento, como herramienta de manipulación y engaño para que sigan sumisas, dóciles y sometidas al hombre.

En cuanto a las estrategias institucionales violentas, a pesar de que no se hace referencia a ningún gobierno o estado, está claro que el pueblo está gobernado por los hombres mayores, quienes imponen su voluntad en base a la religión, las creencias y la costumbre. Unas creencias que permiten, legitiman e incluso incitan y practican la violencia contra las mujeres, tanto la simbólica y económica, descritas anteriormente, como la física.

En primer lugar mediante la ablación, que tiene graves consecuencias físicas (infecciones, dolor, complicaciones en el parto e incluso la muerte) y psicológicas para las niñas. También se muestra la violencia física hacia las mujeres cuando Colle (quién protege a las niñas de la ablación) recibe latigazos por parte de su marido por negarse a hacer lo que éste le dice, incitado por su hermano mayor y el resto de los hombres de la aldea y amparado bajo la norma que dice que la mujer debe obedecer al hombre, sino éste pude corregirla y castigarla por ello.

En un primer momento, no se utiliza la violencia física hacia las mujeres, ya que se trata de manejarlas y someterlas mediante la cultura y las creencias imperantes que tradicionalmente les han infundado miedo, sin embargo, cuando comprueban que Colle no cambia su actitud ni obedece respecto de la purificación de las niñas, deciden utilizar un método menos sutil y más visible de sometimiento de las mujeres: la violencia física.

Se ha podido comprobar como las mujeres sufren diferentes estrategias patriarcales violentas, con un fin específico: el control y la dominación de las mujeres por parte de los hombres, además de impedir que éstas puedan desligarse de dicho control utilizando para ello sobre todo la tradición, las creencias, la costumbre y el miedo, y cuando éstas no funcionan, la violencia física.

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