Feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia

 In política

Feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia

Tanto el feminismo de la igualdad como el feminismo de la diferencia, son dos corrientes teóricas que buscan el acceso de las mujeres a la igualdad de derechos pero por diferentes vías.

Estas dos teorías, el feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia, parten del paradigma ilustrado, de la caída del Antiguo Régimen y del acceso del hombre a la categoría de ciudadano.

Una categoría a la que accede el hombre en base a dos principios: la igualdad y la libertad.

Sin embargo estos principios no tienen las mismas implicaciones para hombres y mujeres.

Para los hombres constituye el paso de la opresión y sumisión a la libertad y la igualdad, pero para las mujeres sigue suponiendo la dominación.

Los hombres adquieren la connotación de ciudadanos, de individuos de derechos, que poseen libertad para llevar a cabo contratos en igualdad.

En cambio la mujer no adquiere esa condición de ciudadana, ni los derechos que ello implica, y se la excluye también del mercado laboral, confinándola al ámbito doméstico.

De modo que los postulados de libertad e igualdad en los que se asentaba el Estado liberal no impiden la desigualdad que se instaura entre hombres y mujeres.

A raíz de esto empiezan a surgir el feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia, basándose en la perpetuación de la sumisión y opresión femeninas a pesar de la liberación masculina con la adquisición de la ciudadanía.

Dos teorías que tienen especial relevancia durante los años 70 y 80 del siglo XX.

Por un lado, podría decirse que el feminismo de la igualdad, a grandes rasgos, es una teoría social y política que tiene como objetivo la igualdad real entre mujeres y hombres.

Una igualdad que no se ha conseguido todavía como se manifiesta de forma patente a través de la división sexual del trabajo, la brecha salarial y la violencia machista entre otras muchas.

Lo que se pretende es que los derechos que lograron los hombres al adquirir la categoría de ciudadano se extiendan a las mujeres.

Es decir, eliminar cualquier discriminación que esté basada en el sexo.

Por otro lado, cuando hablamos del feminismo de la diferencia, podría definirse como una teoría social y política que refuerza y trata de revalorizar las capacidades y características atribuidas a las mujeres.

Lo que pretende esta corriente del feminismo es remarcar la diferencia sexual de las mujeres respecto a los hombres y dejar de tener como referencia a los hombres.

Trata de desmarcarse del universalismo androcéntrico y basa la discriminación de las mujeres en la falta de reconocimiento de aquello tradicionalmente considerado femenino.

De modo que la principal diferencia que tienen el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia es que el primero de ellos busca conseguir la igualdad posibilitando el acceso de las mujeres a los derechos que les han sido negados y que ostentan los hombres.

En cambio el segundo de ellos busca desmarcarse del referente androcéntrico y de la desigualdad que sufren las mujeres por no alcanzar los mismos derechos que los hombres.

Esta disyuntiva entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia es conocida como el dilema Wollstonecraft.

Este viene a reflejar, como por un lado se demanda la igualdad, que los derechos de los hombres se extiendan a las mujeres y por otro, se pretende que las características y los tributos femeninos se revaloricen, encontrándose aquí un debate en torno al feminismo de la igualdad y de la diferencia, dos vías para incluir a las mujeres en la ciudadanía.

Sin embargo, desde mi punto de vista, este dilema entre la igualdad y la diferencia, no se podrá solucionar si para ello debe elegirse entre una vía u otra.

Por ello creo que debería cambiarse el concepto y el modelo de ciudadanía.

Éste debería dejar de hacer referencia a “lo masculino” como lo universal, dejando fuera a las mujeres por no cumplir ese requisito imposible, que es ser hombres, llevando al dilema Wollstonecraft.

Pero para poder reconceptualizar la ciudadanía, se ha de empezar por cuestionarse la estructura patriarcal que sigue vigente desde el contrato social, por medio del que se adjudicaron la esfera pública a los varones y  la privada a las mujeres. 

Por tanto, sería importante tanto reconocer las diferencias que existen entre hombres y mujeres, revalorizando aquéllas tareas y características que poseen las mujeres y no sólo valorar aquello masculino, y al mismo tiempo redistribuir ambas esferas.

Es decir, que ni la privada ni la pública sean adjudicadas ni a hombres ni a mujeres, sino que estas se difuminen y se diluyan.

Por tanto, desde mi opinión, debemos alejarnos de las dicotomías, en este caso de la dicotomía igualdad-diferencia, y volver a definir el concepto de ciudadanía de forma más amplia a partir de un cambio social que deje atrás el patriarcado, de forma que permita incluir a las mujeres en igualdad con los hombres pero revalorizando y reconociendo las cualidades que hacen diferentes a unos individuos de otros.

Para ampliar sobre este tema os dejo bibliografía que podéis consultar:

Ciriza, Alejandra. (2002). Pasado y presente. El dilema Wollstonecraft como herencia teórica y política. En Teoría y filosofía política. La recuperación de los clásicos en el debate latinoamericano. (pp. 183-246). Buenos Aires: CLASCO.

Fraser, N. (2008). Mapa de la Imaginación Feminista: De la redistribución al reconocimiento, a la representación. En N. Fraser: Escalas de Justicia, 185-201. Barcelona: Herder.

Pateman, Carole. (1995). Introducción y Hacer un Contrato. En El Contrato sexual (pp. 7-30). Madrid: Antrophos.

Puelo, Alicia. (2006). Contrato sexual. [En línea]. Recuperado de: https://elpais.com/diario/2006/11/04/babelia/1162600755_850215.html

Valpuesta, Rosario. (2009). Contrato social entre mujeres y hombres. REDUR, 7, 5-24.

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