¿Las mujeres tenemos apellidos propios?

 In Derechos, Mujeres en la Historia, política

Los apellidos en todas las culturas simbolizan pertenencia. Cuando las personas adoptamos detrás de nuestro nombre de pila, ya sea un apellido o dos, lo que se pretende es visibilizar a qué familia pertenecemos. Quiénes son nuestros familiares y de dónde procedemos. Pero, ¿Las mujeres tenemos apellidos propios?

En la mayoría de Europa, se utiliza solamente un apellido, no dos como es el caso de España. Tradicionalmente, y mediante este uso de un solo apellido, el que siempre ha predominado para pasar a la descendencia de una pareja, ha sido el del padre, nunca el de la madre.

De modo que siempre quien ha ostentado el poder, ha sido el hombre, producto de una sociedad machista, misógina y heteropatriarcal.

Pero, ¿qué ocurre con las mujeres? Está claro, que a los hijos e hijas se les ha transmitido normalmente el apellido de su padre, pero, ¿y las mujeres?

Histórica y tradicionalmente, en la inmensa mayoría de los países occidentales, además de transmitir únicamente a la descendencia el apellido del padre, las mujeres también adoptaban al casarse dicho apellido, perdiendo el apellido de su familia.

¿Qué quiere decir esto? Pues que las mujeres no éramos (somos, en algunos casos) suficientemente independientes, inteligentes, autónomas…

Las mujeres necesitamos estar bajo el control y yugo, y sobre todo, tutorizadas por algún varón.

Un varón que primero será su padre, o en su defecto su hermano, cuñado, tío o primo, pasando a ser su marido cuando se case. Siendo el matrimonio la institución imprescindible para lograr el acceso a la sociedad y al ámbito público para las mujeres.

Este cambio de apellido de las mujeres al del sus maridos, ha sido la tónica dominante en países que en rasgos generales podrían parecer mucho más igualitarios que España.

Estos son por ejemplo, Francia, país en el que la tradición marcaba que los hijos e hijas adoptaran el apellido del padre, al igual que la mujer, que lo adquiría al casarse. Esto ha cambiado, desde el 2004 existe una ley que da derecho a las madres a poner su apellido a sus descendientes, siendo tanto el padre como la madre los encargados de elegirlo.

Lo mismo ocurría en Italia, hasta que se propuso que en lugar de usar solo un apellido, se utilizaran ambos y la madre y el padre eligieran el orden de los mismos.

También en los países anglosajones, como EEUU y Reino Unido, el apellido que predomina siempre es el del varón, tanto para la descendencia como para la esposa, anteponiéndose siempre el apellido del varón.

En países como Rusia, Bulgaria o un país tan igualitario como Islandia, los apellidos se forman a partir del apellido del padre, añadiendo un sufijo en función de si el menor es niño o niña.

Un caso a tener en cuenta es el de Suecia, donde si la pareja no se pone de acuerdo al elegir los apellidos, se registra en primer lugar el de la madre.

Dentro de este contexto, España a pesar de ser un país que hasta hace pocos años y gracias al movimiento feminista no ha luchado firmemente por la igualdad, las mujeres han conservado su apellido, trasladando el suyo, aunque eso sí, en segundo lugar a su descendencia.

Ha sido frecuente, aunque no ya en la actualidad, que se utilizase la frase de “señora de X”, para hacer referencia a la pertenencia de la mujer a su marido.

Pero debe tenerse en cuenta, que en territorios como Cataluña, aunque no a efectos de registros ni oficiales, las mujeres sí utilizaban o a veces incluso a día de hoy se utilizan el apellido de su marido en sociedad.

En España, desde hace ya algún tiempo, en concreto desde el año 2000, mediante una ley que permite anteponer el apellido materno al paterno, aunque, esto debía solicitarse expresamente, sino seguía predominando el del varón frente a la mujer.

Sin embargo, desde el 2011 y mediante otra ley, debe especificarse en concreto el orden de los apellidos de los menores, no poniéndose por defecto ninguno de los dos. Hecho que ha permitido que cada vez sean más los apellidos maternos que figuran en primer lugar.

Pero… ¿esto nos permite a las mujeres tener apellidos propios?

Si nos paramos a pensar, aunque las mujeres pongamos a nuestra descendencia nuestro apellido en primer lugar, ese mismo, lo habremos heredado de nuestro padre, no de nuestra madre, y a la vez, nuestro padre de su padre.

Y aunque nos remontemos décadas e incluso siglos, dicho apellido siempre provendrá de nuestra familia paterna. Y aunque existiese la remota, yo diría que ínfima posibilidad de que alguno de esos apellidos proviniese de nuestras antepasadas mujeres, es decir de nuestra familia materna, este, en primer y último lugar, provendría de un varón.

Es decir, las mujeres no tenemos apellidos propios, aunque primemos el nuestro sobre el de nuestras parejas, nuestros apellidos siempre, siempre, van a ser apellidos masculinos. Porque los apellidos femeninos, tristemente no existen.

De modo que, estas medidas que permiten a las mujeres anteponer nuestros apellidos al de nuestros maridos, no visibilizan a las mujeres de forma suficiente, ya que nunca hemos tenido apellidos propios.

Por tanto, la única solución que nos queda para reclamar nuestro derecho a tener un apellido propio, es que cada mujer se ponga un apellido único y propio, empezando de nuevo.

La escritora Chimamanda Ngozi Adichie propone: “Así que por favor, enséñale a Chizalum que en una sociedad justa de verdad, las mujeres no deberían hacer cambios sobre la base del matrimonio, al igual que no se espera que lo hagan los hombres. Propongo una solución ingeniosa: que cada pareja que se case escoja un apellido nuevo, elegido de la forma que quieran siempre que estén de acuerdo ambos, para que el día después de la boda, tanto el marido como la esposa puedan cogerse la manita e ir juntos a las dependencias municipales a cambiarse los pasaportes, carnés de conducir, firmas, iniciales, cuentas bancarias, etc.

Pero a mí me gustaría ir más allá del ámbito de la pareja. Podemos crear nuevos y originales nombres de familia, pero las mujeres, independientemente de tener o no pareja, tenemos derecho a tener apellidos propios, que nos identifiquen y que estos no se basen en la tradición heteropatriarcal.

Showing 2 comments
  • Joana Albiñana Durá
    Joana Albiñana Durá
    Responder

    Gracias por compartir!

pingbacks / trackbacks

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search