Las redes sociales: un nuevo espacio para la violencia de género

 In Educación, Violencia de género

Las TRIC (tecnologías de la relación, información y comunicación), se han convertido en un nuevo y esencial escenario de relaciones en la adolescencia. Por ello, es fundamental incluirlas cuando se habla de violencia de género, ya que se han vuelto un espacio de interacción de las relaciones afectivas. De modo, que no podemos ya separar las redes sociales y la violencia de género.

 

Las chicas en la actualidad son víctimas, en mucha mayor medida, de ciberdelitos que los chicos. Es decir, delitos que se cometen a través de internet, y especialmente, a través de las redes sociales.

 

De entre ellos podríamos destacar el sexting. Este delito consiste en el envío de contenidos de tipo sexual a otras personas a través de dispositivos móviles. Normalmente suelen suceder entre personas que tienen o han tenido alguna relación.

 

También, dentro de estos delitos, se encuentra la sextorsión, el chantaje en el que alguien utiliza contenidos sexuales obtenidos a través del sexting, para obtener algo de la víctima a cambio de no publicar dichas imágenes sexuales.

 

El grooming es una acción que ejerce una persona adulta, especialmente los hombres, para establecer una amistad con una niña o un niño, para lo que se hace valer de internet. A partir de esta relación, la persona adulta obtiene satisfacción sexual mediante imágenes o vídeos eróticos de estos menores.

 

El ciberacoso hace referencia a la vigilancia, amenazas, uso de información, llamadas reiteradas, mensajes de forma continuada. Este tipo de acoso se considera violencia de género, cuando se tiene por objetivo la dominación y discriminación de la mujer o de la pareja.

 

Estos diferentes tipos de ciberdelitos, que pueden considerarse también como violencia de género, ya que en la mayoría de ocasiones, las víctimas son mujeres y los perpetradores hombres, aumentan la inseguridad y la vulnerabilidad.

 

Con las nuevas tecnologías, se ha creado un nuevo espacio en el que ya no podemos estar nunca protegidas de la violencia. De modo, que este nuevo espacio requiere de una intervención novedosa.

Una intervención que permita trabajar la violencia que se da a través de las redes, que haga que las personas más jóvenes tomen consciencia del uso inadecuado de las redes sociales y sobre todo, que se enseñe a tener relaciones de pareja sanas y saludables.

 

Unas relaciones que no se basen en el control, en los celos, en la extorsión, en el chantaje, en la venganza ante la ruptura.

 

Muchas personas podrían pensar, y de hecho he escuchado a muchas personas afirmarlo, que por ejemplo, en el sexting, la culpa sería principalmente de la víctima, porque envió fotografías o vídeos de contenido sexual a la persona que ahora lo ha difundido, y que no hubiera tenido que hacerlo.

 

¿Queremos decir con esto, que si tuviéramos en nuestras manos fotografías comprometidas de una persona con la que supuestamente hemos tenido una relación “afectivo-sexual” las compartiríamos?

 

¿Las personas que afirman esto se creen con el derecho de revelar cosas personales de otras?

 

Si alguien tiene una foto íntima de otra persona, es porque dicha persona confía en ella y no le cree capaz de hacerle daño, porque si lo creyera, no lo haría. De modo, que aquí, la única persona culpable y a la que se tiene que señalar, es la que ha compartido sin permiso alguno, un contenido que no es suyo.

Dejemos ya de una vez de culpar a las víctimas, porque si no empezamos a culpar al agresor y a sensibilizar a aquellas personas que perpetran la violencia de género, nunca podremos acabar con ella.

 

Por tanto, debemos de empezar a atajar el problema de las redes sociales y la violencia de género, no ya desde la adolescencia, si no desde mucho antes.

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