Violencia simbólica en «La Cenicienta»

 In Cine, Educación, Violencia de género

Según la definición de Bourdieu (2000)[1], la violencia simbólica es un tipo de violencia amortiguada, sutil e invisible para sus víctimas, aceptada tanto por el dominador como por el dominado, y que no se interpreta como tal. Es decir, es un tipo de violencia aceptada y normalizada por toda la sociedad y especialmente dirigida hacia las mujeres aún a día de hoy a través de la normalización de situaciones cotidianas donde el varón sigue siendo el dominador.

Este tipo de violencia sutil, es uno de los mecanismos más útiles de dominación hacia las mujeres. Se normaliza y pasa desapercibida, especialmente a través de los medios audiovisuales, que forman parte de nuestras vidas desde la más temprana infancia.

La película de Disney “La Cenicienta”, que a pesar de ser del año 1950 sigue estando muy presente en la infancia de las niñas actuales, es un gran ejemplo de violencia simbólica.

Desde el principio de la película puede comprobarse como existen dos modelos femeninos completamente opuestos.

En primer lugar Cenicienta, la protagonista y la buena de la película, es hermosa, dulce, amable y sumisa. En cambio sus dos hermanastras y su madrastra son arrogantes, creídas, feas y sobre todo, envidian la belleza de Cenicienta.

Se muestra así que lo más importante para una mujer es su aspecto físico, ser hermosa, y por tanto, las hermanastras que son malvadas, también son feas y Cenicienta que es buena es también hermosa, transmitiendo que la cualidad más positiva de una mujer, es su belleza.

De modo que aparecen dos papeles muy marcados de personajes femeninos durante toda la película: la mujer dulce, sumisa, obediente y hermosa, que es la buena (Cenicienta) y la mujer amargada, cruel, envidiosa y fea que es la mala (madrastra y hermanastras), como si las mujeres no pudieran ocupar otras posiciones en la vida.

Sin embargo, hay algo que tienen todos los personajes femeninos en común: la búsqueda del amor y del príncipe azul, para lo que es realmente importante ser hermosa, sino no te podrás casar.

Además, para conseguir el amor del príncipe se muestra una intensa rivalidad entre las tres hermanas, no sólo mediante la envidia de la belleza de Cenicienta, sino volcando su ira y su frustración violentamente en ella, especialmente por conseguir al príncipe.

Otro ejemplo de violencia simbólica se encuentra especialmente en el papel que ocupa Cenicienta, que no es otro que el de criada. Ella es menospreciada y obligada a hacer las labores del hogar durante todo el día (al igual que se espera de las mujeres actuales) y no recibe remuneración alguna por su trabajo ni siquiera se lo valoran.

Por tanto, se ve claramente la división sexual del trabajo en esta película, confinando a la mujer al ámbito doméstico. Pero no sólo en el trabajo doméstico hecho por Cenicienta, sino también en los ratoncitos que la acompañan. Las ratoncitas son las que se dedican a ayudarla a limpiar, a prepararse la ropa y a coserse el vestido para el baile (con frases como: ‘es cosa de mujeres’).

Sin embargo los ratoncitos son los que se enfrentan al malvado gato Lucifer para ayudarla, y para finalmente salvarla y sacarla de su habitación donde la ha encerrado la madrastra para que no se case con el príncipe.

Incluso con los animales se ve a los “hombres” como héroes y a las “mujeres” como criadas.

Durante la película, se da una gran importancia al amor, como el objetivo vital a cumplir que culminará en el matrimonio, pero sobre todo si él es un hombre rico o un príncipe. Es ahí cuando la mujer podrá entrar en la vida social y ser feliz, a través del marido.

Cenicienta pone todas sus esperanzas de mejorar su vida en encontrar amor, y piensa que al casarse con él podrá ser libre y dejar la vida desgraciada que lleva, pero sin embargo, esa unión le otorgará otro tipo de sujeción, esta vez por parte de su marido.

Como era de esperar, el príncipe acaba eligiendo a Cenicienta y enamorándose de ella a primera vista, sin conocerla, por ser la más hermosa (de nuevo la belleza es lo más importante).

Además, a lo largo de la historia, aparecen diversas referencias, sobre todo por parte del rey a sus ganas de tener nietos y a la mujer como madre.

De modo, que se resalta especialmente el papel de la mujer como madre y esposa durante todo el argumento.

Resaltan también los comentarios que hace la madrastra a sus hijas para que sean dulces, amables y que no se peleen, con frases como ‘ante todo compostura’, indicándoles cómo es adecuado y cómo no es que se comporte una mujer.

Finalmente, cabría resaltar el simbolismo que tiene el zapato de cristal, ya que, desde mi punto de vista, transmite el mensaje de que para conseguir lo más importante en la vida para una mujer, que es el amor y el matrimonio, debemos encajar en unos cánones de belleza, que en este caso son simbolizados a través del zapato, siendo especialmente pequeño y delicado, como se espera que sea una mujer.

Por tanto, toda la película está impregnada por situaciones de violencia simbólica hacia las mujeres. Se valora que las mujeres sean sumisas, amables, dulces y dóciles. Características que posee Cenicienta, y sobre todo hermosas para poder conseguir un marido.

De esta manera se dogmatizan los papeles diferenciados que ocupan mujeres y hombres en la sociedad y las diferentes expectativas para ambos a través de películas infantiles.

Medio que permite que desde la infancia se asuman roles diferenciados y se reproduzcan y perpetúen hasta la edad adulta de forma sutil y desapercibida.

 

[1] Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina, Barcelona, España, Anagrama.

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