El oxímoron del feminismo islámico

 In Teoría Feminista

En este post, pretendo analizar, a grandes rasgos, el oxímoron del feminismo islámico.

Para poder avanzar, debemos conocer la definición de la palabra oxímoron.

Según el diccionario de la RAE, un oxímoron es una combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido.

Es decir, podría decirse que un oxímoron es una contradicción entre dos términos.

En base a esto, es posible establecer el oxímoron del feminismo islámico.

Esta expresión aúna dos palabras: por un lado feminismo, entendido como un movimiento social y político que busca la liberación de las mujeres de cualquier tipo de opresión basada en el sexo, y por otro lado, islámico, derivado de la religión del Islam.

En primer lugar, es relevante tener en cuenta que ningún proyecto feminista y de liberación de las mujeres puede ser compatible con la religión, ni con el Islam ni con el catolicismo o judaísmo u otras.

Las religiones han sido a lo largo de los siglos una herramienta de sometimiento y de sumisión de las mujeres.

Han servido para justificar la supuesta “inferioridad femenina” y nuestra opresión.

Han sido un instrumento de justificación de la violencia ejercida por los hombres hacia las mujeres y siempre que las mujeres han luchado y avanzado por sus derechos, las religiones se han rearmado en contra.

Entendiendo que las religiones no son ni pueden ser feministas, no se trata de una lucha en contra de la religión islámica, sino de tratar de poner de manifiesto el oxímoron del feminismo islámico.

Por tanto, partiendo de la base de que el feminismo no puede ir de la mano de ninguna religión, ¿por qué se habla tanto de feminismo islámico?, ¿por qué no hablamos de feminismo judío o cristiano?

Existen múltiples razones para ello y más de las que enumeraré, pero es importante destacar en primer lugar, el auge de posturas poscoloniales y del relativismo cultural en el mundo occidental.

Por un lado, el feminismo poscolonial se desarrolla como respuesta a la creencia de que el feminismo “tradicional” solo se basa y se centra en la experiencia de las mujeres occidentales y entiende esta como universal.

Este argumenta que las mujeres no somos un “grupo” homogéneo y que se olvida la clase, etnia-cultura y orientación sexual.

Es cierto que en función de dónde hayas nacido, tu clase, tu cultura o tu religión, las vivencias de las mujeres cambian, pero el feminismo poscolonial olvida que a pesar de dichos condicionantes, la opresión hacia las mujeres de todo el mundo tiene un denominador común y es ser hembra humana y nuestro sexo.

Por otro lado, el relativismo cultural aboga por la defensa y validez de cualquier sistema cultural, negando la valoración de los mismos.

Se opone al etnocentrismo y a la existencia de valores, juicios morales y comportamientos con valor absoluto.

Es decir, cualquier práctica cultural o tradición debe valorarse en relación con los estándares culturales de ese grupo, no desde un punto de vista universal o de nuestra propia cultura.

En resumen, no se puede cuestionar la cultura ni las prácticas de otros grupos, porque todas son válidas.

Estas dos corrientes han sido asumidas por partidos que se autodenominan de “izquierdas” y “progresistas” en toda Europa.

No quieren que les tachen de racistas, colonialistas e imperialistas y para escapar de ello, se ha optado por aceptar y asumir a ciegas cualquier práctica sin cuestionamiento alguno.

La izquierda posmoderna actual ya no aspira a transformar el mundo. Lo acepta tal y como es. Considera que el universalismo europeo no se debe imponer a otras culturas y por ende, todo les parece tolerable.

Quieren ser inclusivos y en base a esta, se justifica todo.

Y esta situación es acompañada por los medios que nos proporcionan información acerca de la manipulación que se está haciendo sobre la situación de la mujer en el islam y que no es posible comprenderla por alguien externo.

Esta situación ha sido, entre otras, responsable de la aparición y auge del oxímoron del feminismo islámico.

Pero, ¿en qué consiste este?, ¿Cuáles son sus vindicaciones y propuestas?

Una de los principales reclamos del feminismo islámico, es hacer ver y eliminar la discriminación de las mujeres por “elegir” llevar el hiyab o burka.

Es decir, se aboga por la indumentaria islámica como símbolo de empoderamiento de las mujeres y que esta se elige con total libertad por ellas.

Otra de las propuestas, es conseguir la emancipación de la mujer musulmana a través de la relectura de los textos sagrados desde una perspectiva femenina.

Cualquier opinión contraria la atribuyen a una actitud condescendiente y colonial que presuponen que tiene el feminismo occidental.

Consideran que el feminismo occidental no vale para la liberación de las mujeres árabes.

Por tanto, apuestan por la reivindicación de sus atributos culturales, como el velo y los textos sagrados, en contra del colonialismo y apuestan por la libertad de elección.

De modo que, lo que se hace a través del “feminismo islámico” es dejar de poner el foco en la opresión que sufren las mujeres en ese contexto por la cultura y la religión patriarcales y llevarlo al terreno del racismo.

Olvidan nuevamente, como hace la izquierda posmoderna actual, que la opresión de las mujeres está basada en nuestro sexo. Puede tener cientos de caras y expresiones, pero el origen es común.

En el caso del hiyab, este siempre ha sido un símbolo de opresión hacia las mujeres. Porque las mujeres no pueden mostrarse, provocan.

Además, cuanta más opresión se vive en un país por parte de las mujeres, más partes de su cuerpo tienen que cubrir.

Sin embargo, actualmente este se justifica tanto desde el islam como desde occidente a través de partidos supuestamente de izquierdas.

Se justifica, como todo, en nombre de la diversidad y se ha introducido la presencia del hiyab en las esferas públicas, mediante representantes públicas, como símbolo de inclusión, sin atender a la carga de misoginia y opresión que supone para las mujeres.

En palabras de la abogada y feminista Wassyla Tamzali, “no posicionarse en contra del velo es oprimir a las mujeres en nombre de la cultura”.

Es decir, desde cada vez más sectores, prefieren pasar por encima de los derechos de las mujeres antes que cuestionarse prácticas culturales misóginas y ser tachados de racistas.

Pero como dice el Premio Princesa de Asturias de las Letras del año 2010, Amin Maalouf, “las tradiciones solo merecen ser respetadas en la medida en que son respetables, es decir, en la medida exacta en que respetan los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres”.

Con el hiyab o burka, no se respetan, por lo que no es una tradición respetable.

Otra de las justificaciones, más allá del relativismo cultural y el poscolonialismo, se encuentra la palabra mágica que sirve para justificar todo: La libertad.

La libertad se ha convertido en la moneda de cambio para justificar cualquier cosa, incluso las prácticas más opresoras.

Sin embargo, no se hace ninguna reflexión acerca de qué es realmente la libertad y cómo esta se puede condicionar. Y también es importante pensar acerca de las circunstancias que nos llevan a tomar decisiones “con libertad”.

Después de siglos y siglos de opresión hacia las mujeres, las mujeres estamos más bien alienadas que liberadas.

En el caso del hiyab, hay una frase que dice la filósofa Celia Amorós que refleja perfectamente esta situación: “¿Qué preferimos darles libertad para estar oprimidas, u obligarlas a ser libres?”.

Es decir, se quiere abogar por la libertad para que las mujeres “elijamos” seguir estando oprimidas porque las decisiones que realmente nos liberan no se avalan.

Si nuestras decisiones son apoyadas por instituciones, religiones o políticas patriarcales, no liberan a las mujeres.

Por otro lado, la intención de releer los textos sagrados desde la perspectiva de las mujeres no va a cambiar nada.

Los hombres escriben las escrituras y textos religiosos, desde una perspectiva de hombres y son interpretadas y dirigidas por ellos. Y siempre son patriarcales y misóginos.

Todas las religiones, y el islam no es una excepción, están basadas en un modelo patriarcal y han sido y son herramientas de opresión hacia las mujeres.

Por tanto, ninguna de ellas puede ser una herramienta de liberación de las mujeres.

En definitiva, queda de manifiesto el oxímoron del feminismo islámico, al igual que ocurriría con cualquier otra religión.

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