Hablemos de segunda victimización

 In Violencia machista

En consonancia con la publicación sobre la invisibilidad de la violencia machista, se abordará el concepto de segunda victimización.

Como define la médico Pilar Babi, y desde el punto de vista sanitario, la segunda victimización podría entenderse como: “el momento en el que las personas que se encuentran en el sistema sanitario ignoran el maltrato que sufre la víctima, reforzando el punto de visa del agresor”. También como el “proceso que sufre la mujer víctima de la violencia machista cuando se ignora, se descalifica y minimiza su sufrimiento por parte de los ámbitos más relevantes que forman parte de su vida”.

Pero este proceso de segunda victimización, no sólo se da desde el ámbito sanitario, sino que se puede dar desde cualquier área en la que la mujer que sufre violencia machista acude. Ya sean servicios policiales, jurídicos, sociales o sanitarios, y también, del conjunto de la sociedad.

Es por esto motivo que la falta de conocimientos por parte de los profesionales, hacen que la misma mujer que está sufriendo esta situación no pueda y/o tenga dificultades para dar nombre a lo que le está pasando.

Cuando los sistemas policiales, jurídicos y sanitarios le echan la culpa a la mujer, o no reconocen lo que le pasa, resulta más difícil para ella salir de dicha situación. Sufre de un proceso que la convierte de nuevo en víctima. Esta vez de un sistema que no está suficientemente preparado para afrontar esta problemática. Un sistema que no tiene la suficiente formación para dar soluciones efectivas, y esto repercute nuevamente en la víctima.

Tenemos que entender que la victimización, tanto la primaria como la secundaria, provienen de estructuras de poder y de autoridad, de la que el sistema que atiende a la víctima también se encuentra impregnado. Además, al no identificar a la mujer cómo víctima, somos responsables de la perpetuación de la situación que padece.

Nos atañe a todos como sociedad y como personas, hacer visible a la víctima y no cuestionarla, y que el agresor quien debe ser castigado por sus actos. Empecemos a llamar a las cosas por sus nombres y empecemos a situarnos en posición protagonista en defensa de las víctimas.

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