Religión, alfabetización y voto femenino

 In Mujeres en la Historia

¿Ha tenido la religión alguna influencia en la alfabetización de las mujeres?

Si es así, ¿esa influencia en la alfabetización de la religión ha repercutido a su vez en la consecución del sufragio femenino?

Partiendo de la base de que no soy una persona creyente ni religiosa y de que estoy segura de que ninguna religión, al menos de las mayoritarias porque no conozco todas las religiones que existen, es feminista, puntualmente me ha rondado por la cabeza si la religión ha tenido alguna influencia en la alfabetización de las mujeres y en consecuencia en la obtención del derecho al voto.

Mi contexto micro y macro está influido por el cristianismo, en concreto por el catolicismo, aunque me considero atea.

Sin embargo, siempre me he sentido muy atraída por la cultura inglesa, su literatura y sus mujeres más importantes, donde también tienen un contexto cristiano, pero protestante.

Es a raíz de esto, cuando empiezo a pensar y plantearme las dos preguntas que inician este post.

No se puede negar que las principales religiones monoteístas han tenido una influencia enorme en cómo se han desarrollado los diferentes países y sociedades.

La religión católica ha tenido un peso muy significativo en el desarrollo de la sociedad en España a todos los niveles y la influencia de la religión católica, aunque en muchos casos de forma indirecta, sigue presente en nuestra sociedad.

Pero para poder valorar la influencia que haya podido tener en la alfabetización de las mujeres y sus consecuencias en la obtención del sufragio habría que remontarse varios siglos.

Antes de ello, es importante matizar la diferencia entre alfabetización y educación.

Alfabetizar”, según el diccionario de la RAE, significa enseñar a alguien a leer y escribir. Y “educar”, según este mismo diccionario, significa instruir por medio de la acción docente.

Por tanto, tenemos que tener en cuenta que a lo largo de este texto estoy hablando sobre todo de alfabetizar a las mujeres, no de su acceso a la educación formal, aunque pueda existir conexión entre ambas.

Volviendo al contexto histórico, es importante tener en cuenta que hasta la revolución industrial la mayoría de personas eran campesinas y trabajan en el campo, incluidas las mujeres.

Se trataba de un trabajo duro y además, las mujeres tenían que encargarse de las tareas domésticas y de cuidados. No había tiempo para estudiar, ni siquiera para aprender a leer y escribir.

La educación estaba restringida a una pequeña élite nobiliaria.

El resto, apenas tenía dinero para subsistir y preferían trabajar. Si tenían capacidad económica elegían al varón para estudiar.

Sin embargo, la religión cristiana, en concreto formar parte de la Iglesia también permitía acceder a la alfabetización tanto a hombres como a mujeres e incluso a estudios formales en hombres.

Las mujeres podían entrar a formar parte de una comunidad religiosa (convento, abadía…) y ser instruidas.

Sin embargo, la posibilidad de pertenecer a estas comunidades también implicaba la aportación de una dote, con lo que las mujeres pobres tenían prácticamente imposible el acceso.

De este modo, la alfabetización y educación seguían muy restringidas a las clases adineradas.

A partir del siglo XVI, la reforma protestante recorre Europa, especialmente en el centro y norte.

Esta nueva corriente del cristianismo abogaba por la importancia de leer la Biblia por uno mismo. No era necesario acudir a la Iglesia para estar en contacto con Dios.

Por este motivo la alfabetización en países protestantes aumenta para posibilitar a la población la lectura individual de las Escrituras.

Esta importancia de leer la Biblia se hace extensiva para las mujeres y niñas, por lo que las tasas de alfabetización femeninas aumentan de forma considerable.

Además, al considerar que el cuidado y la educación de hijos e hijas era una tarea y función de las mujeres, se consideró que estas debían ser capaces de educar a su descendencia en los principios religiosos y para ello, debían saber leer la Biblia.

Esto no ocurre con la religión Católica que opta por un contacto con Dios mayoritariamente mediado por la Iglesia, por lo que las clases pobres y en especial las mujeres siguen estando excluidas de la alfabetización.

Se seguirá aprendiendo sobre la Biblia, la fe y la religión de forma oral en la Iglesia.

Es importante matizar que no debe entenderse esta alfabetización de las mujeres promovida por el protestantismo con el objetivo de dotarlas de derechos y mejorar su situación, sino como un medio para fortalecer y difundir la religión protestante.

Si las mujeres conocen la religión, la trasmitirán a sus hijos e hijas como encargadas de su cuidado.

Sin embargo, esto permitió que algunas mujeres, al ser capaces de leer, accediesen a otros textos aparte de la Biblia, y poco a poco se replantearan su situación, sus experiencias y se rebelaran y lucharan por la dignidad y los derechos de las mujeres.

Obviamente, esta no fue una consecuencia directa y mucho menos inmediata. Tendrían que darse otros factores, pero no puede menospreciarse esta influencia.

Otro aspecto a tener en cuenta es la diferencia que existe entre la forma de entender la vida y el trabajo en el protestantismo y el catolicismo.

El protestantismo premia a los astutos, fuertes y audaces y afirma que estos heredarán el reino de los cielos. Valoran el éxito en el trabajo y la prosperidad material. En cambio, el catolicismo premia a los sumisos, penitentes y obedientes y entiende el trabajo como un castigo.

Ante esto, las mujeres protestantes encuentran grandes contradicciones entre su religión y su realidad.

Se espera que sean sumisas y obedientes a los hombres y no pueden trabajar ni tomar decisiones, entrando en una gran contradicción con lo que valora su propia religión y lo que están enseñando a sus hijos e hijas.

Además, esta alfabetización de las mujeres protestantes y la posibilidad de leer la Biblia por una misma, facilitó la creación de grupos de mujeres en mucha mayor medida que en los países católicos.

Por tanto, en estos países de tradición protestante se genera una situación favorable de cara al surgimiento de la lucha por los derechos de las mujeres y en concreto por el sufragio femenino: mayores tasas de alfabetización, grupos de mujeres organizados y cuestionamiento de la situación de las mujeres por las contradicciones que presenta su propia religión.

Además de esto, con el paso de los años, ocurren diferentes acontecimientos históricos que abonarán la situación anterior.

En primer lugar, la Ilustración.

La Ilustración es un movimiento cultural y social que permitió grandes avances, como el predominio de la razón sobre la religión, el concepto de ciudadanía y el fin del absolutismo, y que se extendió desde Francia por gran parte de Europa.

Sin embargo, esos avances y ese concepto de ciudadanía ligado al del sufragio que surgió de ella, solamente fueron aplicados a los hombres.

Las mujeres quedaron totalmente excluidas, como ya puso de manifiesto Olympe de Gouges.

En segundo lugar, tenemos la industrialización y la revolución industrial.

Con el auge de la industrialización, las mujeres dejan el trabajo de campo y se trasladan a las ciudades a trabajar en las fábricas. Pero, debido al desarrollo económico y a la reducción de la necesidad mano de obra, las mujeres son nuevamente relegadas a los hogares.

Estas mujeres no solo eran las de las clases menos favorecidas, sino también pertenecientes a la burguesía como nueva clase social.

Estas mujeres alfabetizadas y algunas de ellas educadas, aunque obviamente en materias propias de su sexo, volvían al encierro del hogar.

Proliferaron los textos y libros que abogaban por el papel de buena esposa y madre, dedicados obviamente a las mujeres.

Sin embargo, las mujeres necesitaban tener un aliciente en la vida más allá del hogar. Y para ello contribuyeron enormemente y de nuevo, esos grupos de mujeres en las clases más acomodadas.

Grupos que probablemente tenían un fin religioso, y podían comprender acciones benéficas o de lectura de la Biblia…

Pero lo importante de ellos no era su propósito, sino que permitieron a las mujeres juntarse y compartir sus experiencias.

Unas experiencias que probablemente derivarían en el cuestionamiento de su falta de derechos y su posición de opresión en la sociedad.

Por tanto, desde mi punto de vista, esta situación que se viene fraguando desde la reforma protestante en el siglo XVI ha tenido relevancia en la lucha por el voto femenino.

Lo que está claro es que ni el Catolicismo ni el Protestantismo han luchado por los derechos de las mujeres. Muy al contrario.

Sin embargo y entre otros muchos factores, la religión protestante influyó en la alfabetización de las mujeres. Una alfabetización promovida para satisfacer sus propios fines religiosos, pero que tuvo otros efectos.

Una mayor alfabetización permitió a las mujeres acceder a nuevas ideas y cuestionarse la sociedad que les rodeaba. Cuestionarse su posición en ella y las diferencias basadas simplemente en el sexo.

Podían acceder a ideas políticas sobre la igualdad, derechos sociales y civiles y ciudadanía. No estaban subyugadas a lo que les contaba su marido, su padre o el cura.

Además, saber leer y escribir les permitió expandir sus ideas y llegar a más mujeres, escribiendo manifiestos, panfletos…

El protestantismo, que permitía la congregación de mujeres para la lectura de las Escrituras, facilitó la creación de un movimiento de mujeres.

Podían hablar de su situación, de sus necesidades y de sus preocupaciones y eso facilitó que estas congregaciones derivaran en grupos de mujeres organizados de cara a exigir, entre otras cuestiones, el voto femenino.

Es cierto que esa alfabetización iba dirigida a que las mujeres aprendieran a leer para poder leer la Biblia.

No se trataba de una educación formal, a la que solamente pudieron acceder las mujeres de las clases más altas.

Sin embargo, ya suponía un importante avance para salir de las sombras del patriarcado.

Por último, si atendemos a los datos objetivos, los países que antes lograron el sufragio femenino fueron países de mayoría de protestante y con tasas de alfabetización femenina elevadas:

Nueva Zelanda (1893): Fue el primer estado autónomo en otorgar el derecho al voto a las mujeres.

Australia (1902): El sufragio fue inicialmente concedido a las mujeres de las colonias y en 1902 se estableció la legislación a nivel nacional.

Finlandia (1906): Obtuvo el derecho al sufragio universal a la vez que se permitió la participación política de las mujeres en la vida pública y la presentación a cargos electivos.

Noruega (1913): Las mujeres obtuvieron el voto pleno para las elecciones nacionales en 1913.

Dinamarca e Islandia (1915): Ambas naciones otorgaron el derecho al voto femenino en 1915.

Reino Unido (1918): Las mujeres obtuvieron el derecho al voto en 1918, aunque con ciertas restricciones de edad y propiedad que se igualaron con el tiempo.

EEUU (1920): Solo para las mujeres blancas.

El primer país católico en conceder el voto femenino fue España en 1931, pudiendo votar por primera vez en 1933.

Obviamente, la religión no fue determinante para la consecución del sufragio femenino.

Lo que lo hizo posible fue la lucha incansable de muchas mujeres. Sin embargo, desde mi punto de vista sí que existe una influencia que no se puede obviar.

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Comments
  • María
    Responder

    Gràciesss

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