¿Se puede provocar la histeria?

 In Psicología Feminista

¿Se puede provocar la histeria?

Antes de responder a esta pregunta, es importante tener en cuenta de dónde proviene este término que ha llegado hasta nuestros días, bien entrado el siglo XXI.

El término proviene del francés hystérie que a su vez deriva del griego hystéra, cuyo significado es útero.

Por tanto, es bastante evidente que el concepto nació para atribuirlo específicamente a las mujeres por ser quienes tenemos útero, aunque esta “enfermedad”, la histeria, nada tiene que ver con el útero ni tampoco con las mujeres por simplemente serlo.

A pesar de ello, ya desde el Antiguo Egipto se describe una patología causada por el desplazamiento del útero en el interior de las mujeres. También se nombra esta por médicos como Hipócrates y Galeno, atribuyendo la histeria a cualquier sintomatología que presentaran las mujeres.

En la Edad Media cambia el paradigma, se deja de lado la “ciencia” y predomina el pensamiento religioso y la histeria se entiende como una posesión demoníaca en las mujeres.

El Renacimiento permite un resurgimiento del pensamiento “científico”, aunque no en lo que respecta a las mujeres y a su salud, manteniéndose el concepto de histeria como un concepto global y genérico.

El diagnóstico de esta supuesta enfermedad se mantiene a través de los siglos, pero es en el siglo XIX cuando la histeria adquiere su mayor relevancia en la historia.

Desde que se habla por primera vez de esta enfermedad hasta el siglo XIX, el diagnóstico de esta “enfermedad” se hacía en base a síntomas muy diversos y con poca relación entre ellos (desfallecimientos, dolores de cabeza, espasmos musculares, enfados, irritabilidad, insomnio, problemas sexuales…).

Síntomas muy inespecíficos que podían atribuirse a un amplísimo espectro de situaciones y circunstancias, ya fuesen patológicas o no.

Además, no solo se diagnosticaba histeria a mujeres con algún síntoma de enfermedad aunque no se supiera cuál, sino que también y especialmente, fue una herramienta y un método de catalogar y diagnosticar a las mujeres con una enfermedad, ya fuese real o inventada, ante cualquier problemática, disidencia y/o desobediencia por su parte.

Ha sido un recurso para etiquetar y estigmatizar a aquellas mujeres que no encajaban dentro de los constreñidos moldes patriarcales.

A partir del siglo XIX, con el auge de la medicina y de la psiquiatría, se empieza a buscar la causa de esta patología en los nervios y el cerebro, aunque se sigue diagnosticando solamente a las mujeres.

A pesar de que ya no se entiende el útero, órgano reproductor específico y exclusivo de las mujeres, como causante de esta enfermedad sino el cerebro, órgano humano, se sigue centrando esta enfermedad únicamente en las mujeres.

Uno de los médicos que más popularizó el concepto de “histeria” y también el uso del espectáculo como método para estudiar la mente humana fue Jean-Martin Charcot, quien trabajó en el Hospital de la Salpêtrière de París.

En este hospital se encerraba a las mujeres que no encajaban en el ideal de la época, a las que se enfrentaban a su papel sumiso, a las que tenían una opinión o a las que simplemente molestaban a su familia o marido.

Además, solían provenir de los sectores más vulnerables de la sociedad de París. Eran mujeres pobres, enfermas, sin familia, explotadas sexualmente…

Allí eran sometidas a brutales tratamientos, vejaciones, violaciones y experimentos “en nombre de la ciencia y la medicina”.

Entre estos tratamientos brutales, vejatorios y humillantes, se incluían las demostraciones públicas organizadas por Charcot en las que pacientes, en especial mujeres diagnosticadas de histeria, se convertían en el centro de la escena.

Charcot hacía que sus pacientes mostraran los síntomas de su enfermedad ante un público que las observaba expectante.

Un público compuesto fundamentalmente por hombres.

Para ello se montaron unas gradas a modo de escenario en la Salpêtrière. Allí acudían los médicos más destacados y los pensadores con más reconocimiento para presenciar las demostraciones de Charcot sobre una enfermedad que causaba sensación.

Las mujeres debían mostrar allí los síntomas de su supuesta enfermedad, con una dramatización significativa, exponiendo su cuerpo y su mente.

Pero Charcot no solo las mostraba y exponía al público, sino que también las fotografiaba para documentar sus estudios.

Estas mujeres eran reducidas totalmente a meros objetos de estudio y eran sometidas a una gran carga de violencia simbólica. Se las deshumanizaba y eran un mero medio para obtener conocimiento sin importar la persona que había detrás.

Obviamente, las mujeres participan de estas prácticas no eren elegidas al azar, porque no eran solo enfermas, si es que lo eran, también se convertían en actrices.

Por ese motivo, las mujeres, con afán de ser elegidas y agradar, conscientes de su papel, amplificaban y exageraban sus síntomas para convertirse en espectáculo.

Eran mujeres excluidas de la comunidad a las que la tanto la sociedad como sus historias de vida les habían enseñado que no importaban a nadie y de repente se convirtieron en el foco de atención.

Por tanto, las mujeres cada vez presentaban una sintomatología mayor y más exagerada para participar de las representaciones de Charcot y agradar más al público.

Es decir, su enfermedad consistía especialmente en la simulación de esta.

Un ejemplo fue el de Marie Wittman, quien incluso aparece en el cuadro “Una lección clínica en la Salpêtrière” de Pierre André Brouillet.

Esta mujer era hija de un carpintero internado en un asilo y una doncella. Cinco de sus hermanos murieron de epilepsia, enfermedad que ella también sufría con ataques frecuentes.

Llegó como sirvienta a la Salpêtrière después de que su empleador intentara violarla numerosas veces a los 12 años y de la muerte de su madre. Ingresó como paciente a los 18 años y fue diagnosticada de histeria.

Era una de las favoritas de Charcot. Fue atendida por este hasta que él murió. Después nunca más tuvo ataques de histeria.

Otro ejemplo es el de Augustine, quien desde muy temprana edad había sido víctima de castigos físicos, abusada sexualmente y violada de niña y adolescente.

Llegó a la Salpêtrière y poco después sufría cientos de ataques de histeria diarios y participaba en estas representaciones ante el público.

Logró escapar de la Salpêtrière disfrazada de hombre.

Estas y otras mujeres del hospital de la Salpêtrière se prestaban al espectáculo de Jean-Martin Charcot porque estaban alienadas, sometidas.

Querían corresponder lo que se esperaba de ellas tal y como se las había socializado en un contexto patriarcal, y participar en el éxito del director de escena delante del público. Eran títeres de carne y hueso.

Además, habían aprendido a interpretar a la perfección su papel de locas e histéricas.

Por tanto, es posible afirmar que la histeria ha sido una enfermedad inventada por los hombres y utilizada por estos mismos como herramienta de control de las mujeres como argumento aquí: https://hablemosdefeminismo.com/la-histeria-como-herramienta-de-control-patriarcal/

Dado que, mediante estas representaciones, el público y la sociedad en general, fue asumiendo una imagen concreta de la mujer histérica, extendiéndose a la creencia de la fragilidad de la mente femenina.

Pero esto va incluso más allá, porque además, la histeria ha sido una enfermedad domesticada  por los hombres.

No solo establecieron ellos los criterios, los diagnósticos y los tratamientos, sino que también han manipulado a las mujeres para sufrir de aquello que las habían diagnosticado.

Adivinaban aquello que se buscaba en ellas y lo daban. Funcionaban como los animales de circo ejecutando su número.

Sin embargo, muchos de estos síntomas que podrían ser considerados patológicos, no aparecían fuera de estos contextos de observación clínica y médica.

Otros síntomas, o bien eran debidos a otras enfermedades, como por ejemplo la epilepsia, o eran la consecuencia de la sociedad patriarcal, ya fuera en forma de abusos y violencia o de opresión.

Ese ideario de la histeria como enfermedad propia de las mujeres caló profundamente en la mentalidad colectiva, permaneciendo sin apenas cambios durante décadas.

Además, resultó muy útil, dado que debido a la gran variedad de síntomas posibles, cualquier mujer podía ser diagnosticada de histeria y encerrada.

Esa imagen de la fragilidad femenina todavía persiste en nuestra cultura y, aunque desde 1952 se desacredita la histeria como enfermedad por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) este término sigue estando muy presente en nuestros días.

Se consideró que los síntomas que se describían en las mujeres para diagnosticarles esta “enfermedad”, eran en su gran mayoría producto del funcionamiento de las mujeres en una sociedad patriarcal que las oprimía social, sexual e individualmente.

Por tanto, en cuanto a la pregunta de ¿se puede provocar la histeria?, la respuesta es sí, y se hizo con muchas mujeres.

Instrumentalizándolas y utilizándolas como objetos al servicio de una medicina y una ciencia patriarcales.

.

.

.

  • Bibliografía:

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lavozdelasalud/tribu/2022/06/03/historia-histeria-femenina-mujer-invento-vibrador/00031654267295720869244.htm

https://www.bbc.com/mundo/articles/cx9dg0jw2xlo

https://pijamasurf.com/2025/04/las_mujeres_de_la_salptrire_el_eco_de_una_imagen_que_nunca_desaparecio/#:~:text=Como%20%22jefe%20de%20servicio%22%20de,no%20eran%20elegidas%20al%20azar.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-57160451

Libro: Mireia. Purificació Mascarell. 2023

Comments
  • María
    Responder

    Hola guapeta soc Maria
    M’ha encantar el teu article
    Moltes gràcies
    Fins el pròxim ️
    Besets
    Maria

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search