Avancemos hacia una ciudadanía de cuidados

 In Teoría Feminista

El concepto de ciudadanía en las sociedades modernas y occidentales como la nuestra, sigue vinculado a la concepción e idea de un individuo independiente y autosuficiente. Por ello, avancemos hacia una ciudadanía de cuidados.

Mediante esta concepción, lo que se hace es obviar que todas las personas somos dependientes y vulnerables a lo largo de nuestras vidas, en mayor o menor medida. Y que estos rasgos son inseparables y pertenecientes a la condición de la especie humana.

En la definición de la ciudadanía de las sociedades modernas, se niegan tanto la vulnerabilidad como la interdependencia de los individuos, de manera que la dimensión de los cuidados, no ha sido tomada en consideración.

Aún peor, ha sido invisibilizada, marginada y desvalorizada ignorándose por completo las necesidades de cuidado que tiene la sociedad y la importancia de proporcionarlos para que las sociedades puedan funcionar y seguir avanzando.

De este modo, y quitándole toda la importancia que tienen los cuidados en nuestra sociedad, se asigna a las mujeres este rol, basándose en la tradicional división del trabajo, relegando a las mujeres al cuidado en la esfera privada.

Así, al mismo tiempo que ellas son las que se encargan de las actividades no remuneradas y que “carecen de importancia” social, se las excluye por completo de la ciudadanía.

Además, si consideramos al ciudadano como un individuo siempre autónomo e independiente, pueden derivarse múltiples consecuencias negativas para la sociedad. Especialmente para aquellas personas que debido a ciertas circunstancias puedan encontrarse en una situación de vulnerabilidad o mayor dependencia que el resto.

Además, esta vulnerabilidad tiene asociadas muchas connotaciones negativas, especialmente a nivel público.

Por tanto, las decisiones políticas se han venido desarrollando y tomando sin tener en cuenta estos rasgos. Debido al olvido de la vulnerabilidad y la interdependencia de los ciudadanos durante su vida y de la asunción por parte de las mujeres de esas tareas de cuidados, dejando de lado su vida laboral, reduciendo su jornada o soportando la doble carga laboral y doméstica, las decisiones políticas han dejado de lado la ética del cuidado. Perpetuando así los roles tradicionales de género en los que el varón es el proveedor de recursos y bienes, y la mujer es reproductora y cuidadora. Además, de la perpetuación de las connotaciones negativas que pueden tener estos rasgos hacia ciertos colectivos.

Por tanto, tanto el concepto de ciudadanía como las decisiones políticas deben dejar de orientarse hacia un individuo autónomo y autosuficiente y empezar a tomar en cuenta a un individuo interdependiente con el resto de individuos y vulnerable, es decir que requiere de los demás a lo largo de su vida.

Ya que los seres humanos no somos completamente autosuficientes y autónomos y que en ciertos momentos necesitamos de los demás.

Además, debe relacionarse el cuidado con la ciudadanía, para que los deberes y roles del cuidado se consideren como un deber por parte de toda la ciudadanía, para dejar de ser atribuido como un rol femenino.

Por ello, debemos avanzar hacia una sociedad donde la ética de los cuidados y la interdependencia entre las personas que componen la sociedad sea uno de los bienes más preciados y valiosos de la misma.

 

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