Casa de muñecas. La obra feminista de Henrik Ibsen

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Esta del escritor, dramaturgo y premio nobel noruego Henrik Ibsen es una obra de teatro que se estrenó en Copenhague el 21 de diciembre de 1879, hace casi 140 años. Esta obra es considerada como una de las primeras grandes obras de teatro feministas, aunque quizá fuera escrita sin tener intención de serlo. Casa de Muñecas. La obra feminista de Henrik Ibsen.

Esta obra, se basa en una historia real que le sucedió a una amiga del autor, y que él decidió plasmar en esta obra de teatro.

La historia versa sobre Nora, una mujer que se casa muy joven con el hombre que resultaba “más conveniente” según la sociedad y se dedica a tener hijos y cuidar de ellos y de la casa. No teniendo otras preocupaciones que la puedan perjudicar.

Al principio de la obra, Nora sólo piensa en las cosas materiales, en los convencionalismos sociales, en las apariencias, en el qué dirán… solo le importan las cosas banales y superficiales.

La protagonista nunca en su vida ha sido considerada como una persona capaz y completa, siempre ha sido tratada como una niña, como se ven con el comportamiento de su marido.

Nunca ha tenido la libertad ni la posibilidad de tomar sus propias decisiones. Como se afirma en el libro, la protagonista “pasa de ser la muñeca de su padre a la de su marido”. Queriendo decir con esto, que nunca ha tenido la posibilidad de dirigir su propia vida en ningún momento de la misma. Sin embargo, ella acepta esa condición y situación, ya que considera que ese es el papel que les corresponde a las mujeres, y a ella como tal.

Sin embargo, a medida que se va desarrollando la obra y especialmente una vez que aparece el personaje de Krogstad, quien años atrás le presta dinero a la protagonista, se va desvelando una faceta diferente de Nora.

Esta situación permite al lector comprobar, como Nora no ha tenido la vida tan fácil e idílica que se podría imaginar en un primer momento, sino que ha tenido que hacer frente a situaciones muy complicadas, como una grave enfermedad de su marido, que tuvo que costear ella misma.

Ante esta situación, tiene que pedir un préstamo ilegal, ya que las mujeres entonces no podían pedir préstamos sin el consentimiento de un hombre, o bien el marido o bien el madre. Sin embargo, para preservar la integridad moral, la salud mental y la armonía en su marido, decide hacerlo de forma ilegal, exponiéndose a la ilegalidad y la peligrosidad que aquello conlleva.

Dicha situación le acarrean las amenazas de su acreedor, e incluso ante la misma, solo se preocupa de salvar a su marido y a su familia sacrificándose ella misma.

Llega un momento en que la situación es insostenible y finalmente, su marido, Torvald, se entera de lo que está ocurriendo, tomándola contra ella. Sin tener para nada en consideración todos los sacrificios que ha hecho por él y por la familia, e incluso quiere dejarla, pensando solamente en lo que los demás pueden pensar de él y en cómo eso afectaría a su carrera profesional.

Sin embargo, un giro en las circunstancias liberan a Nora de la amenaza, y de forma secundaria, también a Torvald, cambiando así completamente su actitud hacia su mujer, como si nada hubiese pasado.

Este momento supone un punto de inflexión para Norma, un momento en el que para ella no existe ya vuelta atrás. En ese momento, decide marcharse y dejarle a él y a su familia. Decide mirar por ella y hacer lo que quiera, ser libre, ser persona.

Se ha pasado la vida siendo una muñeca con la que en primer lugar su padre, y ahora su marido, jugaban y se entretenían.

Pero en ningún momento pudo vivir su vida, siempre pendiente de los demás, actuando como se esperaba de ella.

Finalmente se da cuenta de que es el momento de vivir su vida, que necesita ser libre, ser una persona, empezar de nuevo sin la ayuda de nadie, saber por primera vez en su vida qué es la libertad y la autodeterminación de una persona. Así que se marcha, dejando a su marido y su familia.

De modo que, en esta obra se puede comprobar cómo se cuestionan los roles tradicionales de género, mediante los que se considera a la mujer como una mera niña pequeña que hay que cuidar, mimar y proteger de los problemas reales de la vida y que sólo sirve para encargarse de los niños y la casa. Así es como ha sido educada su protagonista y como ha vivido gran parte de su vida.

Sin embargo, llega a un punto en el que no puede más, quiere saber qué es ser una persona completa. Una persona que viva su vida por ella misma, no a través de los demás. Este es un paso de gran importancia, especialmente si consideramos que la obra fue escrita a finales del siglo XIX, donde los roles de los hombres y las mujeres estaban mucho más marcados que ahora y era mucho más difícil transgredirlos.

Pero a pesar de todo, y no sin que hubiera censura hacia ella, la obra de forma voluntaria o involuntaria, con consciencia feminista o sin ella, marcó un hito muy relevante en el proceso de emancipación y liberación de las mujeres.

Casa de muñecas. La obra feminista de Henrik Ibsen. 

 

 

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