El horror de la cárcel de Saturrarán

 In Mujeres en la Historia, política

Las mujeres, en todos los episodios de la historia de la humanidad, somos las que hemos sufrido las mayores atrocidades. También en la historia española, como es el horror de la cárcel de Saturrarán.

Este episodio terrorífico de nuestra historia es muy poco conocido, porque al igual que la historia siempre la escriben los vencedores, en este caso y como siempre, además de los vencedores, la escribieron los hombres.

Es un ejemplo más del borrado de las mujeres de la historia.

La cárcel de Saturrarán fue anteriormente un balneario y pocos meses antes de convertirse en cárcel había servido de cuartel general. Esta se habilitó como cárcel en diciembre de 1937 y estuvo en funcionamiento entre 1938 y 1944, años en los que ocurrieron algunos de los episodios más oscuros, atroces y sombríos de las posguerra.

Esta cárcel fue utilizada por el régimen franquista, golpista e ilegítimo para encerrar a mujeres que “eran incómodas por su ideología”, “no eran adeptas al régimen” o “mujeres especialmente peligrosas y rebeldes para el nuevo orden de España”. Es decir, especialmente mujeres republicanas.

Durante esos 6 años de funcionamiento, pasaron por la cárcel más de 4.000 presas, de las que murieron 116, además de también 57 niños y niñas. Las causas de las muertes fueron debidas a las condiciones infrahumanas que había en la cárcel: inanición, malos tratos, tifus y otras enfermedades. Aunque hay 11 muertes que no se pudieron explicar, por lo que se sospecha que fueron ejecutadas.

Esta prisión del horror tenía capacidad para unas 700 mujeres, sin embargo su población nunca bajó de las 1.500, el hacinamiento era la tónica general.

La cárcel junto con las mujeres reclusas, estaba custodiada por 25 monjas de la Merced, un sacerdote, un funcionario de prisiones y 50 militares.

Todas las presas fueron sometidas a un régimen disciplinario militar y torturador. Tanto las mujeres como los niños y las niñas tuvieron que soportar malos tratos brutales, como por ejemplo que las monjas les negaran la leche y la comida a los niños y niñas más pequeños. Las monjas robaban la comida que les correspondía para luego venderlas a la mejor postora, incluso la que les traían sus familiares.

Además de soportar muchísimos malos tratos y vejaciones, las condiciones de vida de las mujeres reclusas eran también infrahumanas. Debido a la sobre población de la cárcel, las mujeres se encontraban hacinadas, teniendo poco más de 40 cm² de suelo para dormir.

No contaban con camas, por lo que tenían que dormir en el suelo sobre hojas de maíz amontonadas. Ni siquiera los y las más pequeñas tenían una cama, sino que dormían en los brazos de sus madres. No había tampoco baño, por lo que tenían que utilizar cubos que se quedaban en las celdas inundándolo todo de olor y provocando infecciones.

Las presas eran obligadas a jornadas de trabajo inacabables y tenían prohibido todo, incluso reír o cantar para hacer más llevadera su estancia dentro de lo posible. Las obligaban a hacer trabajos forzosos hasta desfallecer, independientemente de su edad.

Sin embargo, y a pesar del horror que se vivía día a día en esa cárcel, o mejor dicho en ese infierno, lo peor no fueron las condiciones deplorables que había.

Muchos de los niños y niñas que llegaron o nacieron a esta cárcel fueron separados de sus madres yendo a parar al Auxilio Social, donde nunca más supieron de ellos.

Decenas de niños y niñas fueron literalmente arrancados de los brazos de sus madres a golpes.

En la mayoría de los casos, estos niños y niñas que fueron robados de sus madres, fueron vendidos y comprados sin escrúpulos por familias adineradas del régimen a quienes no les importaba en absoluto de dónde venían estos niños y niñas.

Esta cárcel se cerro como tal en 1944 y las mujeres fueron internadas en otras prisiones del país. En el año 2007 fue demolida, y con ella borrada una parte de la historia que no se estudia en los colegios, no se habla, no se conoce, sino que se esconde y se olvida.

Nuevamente el horror y la barbarie que envuelven una guerra, se ensaña todavía más con las mujeres. Unas mujeres que soportaron torturas, malos tratos, condiciones infrahumanas de alimentación, higiene, habitabilidad y salud, trabajos forzosos y el robo de sus hijos e hijas por parte del régimen totalitario.

Un ensañamiento que la mayoría de nuestra sociedad no conoce, que no ha sido reparado ni se ha hecho justicia.

Todavía vivimos en una sociedad que prefiere dejar de pensar y recordar, que hacer justicia. Esperemos que eso cambie pronto y que episodios de nuestra historia como el horror de la cárcel de Saturrarán no se olviden.

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search