El papel de pared amarillo: reclusión y salud mental femenina

 In Libros, Psicología Feminista

La salud mental femenina ha sido siempre vista desde el punto de vista de los hombres y de la sociedad patriarcal a lo largo de toda la historia.

Las mujeres han sido consideradas como “inferiores mentales”, «emocionalmente inestables«, “locas” e “histéricas”. Es decir, el conocimiento acerca de la salud mental de las mujeres la han construido los hombres, y la han construido desde su punto de vista de forma sesgada. La han utilizado como un recurso de enorme relevancia para someter, subordinar y deshumanizar a las mujeres, ya que se las ha presupuesto como inestables y con predisposición innata a sufrir trastornos mentales.

Esta estigmatización e incomprensión de la salud mental femenina se puede ver perfectamente reflejado en el libro de Charlotte Perkins, El papel de pared amarillo. La autora relata las vivencias de una mujer, supuestamente anónima, que sufre una enfermedad mal diagnosticada y con un tratamiento erróneo y todo el sufrimiento que ello implica.

En la narración se refleja claramente como su percepción, su subjetividad e inclusos sus sentimientos, no son tenidos para nada en cuenta. No se la considera una persona con autonomía y voz propia. Es tratada como una niña pequeña, sin voluntad, que no sabe lo que quiere, lo que dice, ni lo que siente y que debe estar bajo la supervisión del hombre, de su marido.

Ella lo manifiesta así: casi no me deja dar un paso sin intervenir, es muy atento, me quiere mucho. Un hombre, que aparte de aparecer como marido, que ya lleva implícito ser la figura de autoridad sobre la mujer, aparece representado también como médico. De modo que es una doble figura de autoridad reflejándose en frases como: estás mejor cariño, soy médico y sé lo que me digo.

Ante esta situación, ella muestra una actitud de resignación respecto de su estado con frases como: John es médico, y es posible que ese sea el motivo de que no me cure más deprisa. No se cree que esté enferma. O también: ¿Qué se le va a hacer si tu marido y tu hermano que son médicos de prestigio creen que no te pasa nada grave?

La protagonista es sometida a la llamada cura de reposo, una terapia que se les imponía a las mujeres a finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, por la que debían de permanecer en un estado de reposo absoluto, especialmente privándolas de cualquier actividad intelectual. Ella quiere trabajar, pero se lo prohíben, porque se supone que “no haciendo nada” es como se curará. Sin embargo, ella no considera que eso sea bueno, le gustaría escribir, y lo hace, pero a escondidas, porque a su marido le irrita que escriba, y cree que no le conviene ver a nadie ni hacer esfuerzos.

Durante toda la redacción es de gran importancia el papel de la pared en la que ella está recluida para poder “curarse”. La descripción que hace del mismo informa perfectamente acerca de su vivencia. El papel es el medio que le permite de una manera menos explícita, aunque a la vez muy clara, cómo vive su situación. Es un papel horrible, que parece que te mira, que te sigue, que te acecha. Algunas veces ve como el papel se convierte en barrotes y aparece una mujer detrás, que intenta escapar, pero es imposible. Además, el papel deja de estar sólo en la habitación, sino que su influencia pare estar presente por toda la casa.

El papel aparece como una metáfora de su reclusión y de su enfermedad mental. Como el estar en esa habitación, sin hacer absolutamente nada, sin ser escuchada ni tenida en cuenta sobre cómo se siente hace que, en vez de mejorar, empeore, esté más atrapada en su propio trastorno y que no pueda salir, como la mujer de detrás de los barrotes del papel.

Además, John, desde su posición de marido y médico, le dice qué debe hacer y sobre todo, cómo se debe sentir, porque John no sabe lo que sufro, sabe que no hay “motivo” para sufrir y eso le basta. Su vida está completamente dirigida, no hay opción de nada, lo que ella dice, son sólo fantasías.

Por último, cabe destacar el final del libro, que desde mi punto de vista, es de una enorme importancia. Es una llamada simbólica, o no tanto, a la liberación, al empoderamiento y al dejar de estar encerrada y confinada bajo el supuesto amor del marido, que cree que debe ponerse bien por él primero, luego por su bebé, y ya si eso, por ella misma. Lo expresa claramente cuando acaba arrancando el papel por la noche antes de marcharse y con frases tan representativas como: Al final he salido, aunque no quisieras ni tú (el marido) ni Jennie, y he arrancado casi todo el papel, para que no puedan volver a meterme.

Este cuento de Charlotte Perkins, que nos traslada de lleno al interior de la mente de su protagonista, es una historia basada en su propia experiencia, la experiencia de sufrir depresión post parto, diagnosticada como una crisis nerviosa o histeria femenina, y al igual que a la protagonista del cuento, se le prescribe cura del descanso: vive una vida tan hogareña como te sea posible, realiza no más de dos horas de actividad intelectual al día y no toques nunca más una pluma. Permite, a través de la metáfora del papel, comprobar como mediante la cura del descanso, su depresión se agravó, y sólo volviendo al trabajo, liberándose y empoderándose, logró recuperarse.

De modo que este libro se puede considerar como una demoledora crítica a ese tratamiento y a la necesidad de las mujeres de liberarse de la opresión, de la ausencia de libertad y del supuesto amor, que no es más que sometimiento por parte de un marido y una sociedad que no las tiene en cuenta como seres de pleno derecho, cosa que tiene repercusiones de enorme gravedad, como en la salud mental.

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