En pleno siglo XXI se sigue mistificando lo femenino

 In Sexualidad

En pleno siglo XXI se sigue mistificando lo femenino, o mejor dicho, comportamientos y actitudes que se atribuyen como femeninos como construcción social.

Siguen estando presentes en la vida muchas mujeres y en la sociedad en general mensajes, opiniones y actitudes respecto de la maternidad y el instinto maternal innato.

Se sigue afirmando que la mujer (en general), tiene un instinto maternal innato debido a su capacidad de gestar y dar a luz y que por eso y porque supuestamente existe un vínculo que sólo poseen las mujeres y no los hombres con sus hijos e hijas, es ella quien mejor puede encargarse de su cuidado.

De este modo, y mediante la asignación de la mujer su rol “natural” como reproductora, se lleva a confinar a la mujer al ámbito del hogar y al cuidado de los hijos e hijas.

Por tanto, se la coloca en el ámbito de la naturaleza, en el que a causa de la biología las mujeres son las reproductoras, y en cambio el varón es el productor de bienes.

Sin embargo, esto es completamente falaz. No existe ese instinto, don, aptitud o característica innata en las mujeres que nos lleve a tener una mayor capacidad a la hora de aportar cuidados.

Las personas, independientemente de nuestro sexo somos capaces de cuidar a las demás.

Pero este argumento, tan impregnado en la sociedad ha permitido a la sociedad patriarcal y capitalista enclaustrar a las mujeres en ese rol que aporta innumerables beneficios a la sociedad pero también innumerables consecuencias negativas para las mujeres.

Otra forma mediante la cual en pleno siglo XXI se sigue mistificando lo femenino es el mito del amor romántico, por el cual se considera que el hombre es quien debe ser activo y defender a la mujer y que ésta ha de ser sumisa y pasiva.

De modo que mediante el amor romántico y la “galantería” masculina se vuelve al rol de mujer sumisa, indefensa y que necesita a un hombre a su lado que la defienda, y sobre todo, que el amor es lo más importante en la vida de una mujer.

Porque ¿Qué es una mujer sin un hombre?

Pues como decía Gloria Steinem, una mujer necesita un hombre como un pez necesita una bicicleta, exacto, una mujer no necesita a un hombre y lo puede ser todo sin uno.

Además, las mujeres tenemos que sufrir por amor, porque sino no es un amor suficientemente bueno y verdadero. Incluso, los celos son una prueba de amor irrefutable.

Pero nuevamente, esto es completamente falso. Este discurso nos lleva a las mujeres a pensar en el amor como objetivo prioritario en nuestras vidas, así olvidamos propósitos más elevados y se los dejamos a los hombres.

Como decía Kate Millet, El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban.

También existen actitudes que tratan de mistificar la sexualidad femenina, como algo que no se puede expresar, que debe permanecer en el ámbito privado porque no es de mujer “decente”.

Y aquellas mujeres que expresan libremente su sexualidad se las consideran indecentes, promiscuas, putas… Cosa que se agrava cuando una mujer sufre abusos o es violada, que se la cuestiona siempre por si había ido provocando, por su manera de vestir o su actitud.

Como si la violación pudiese estar justificada por la actitud de la víctima (como pudimos ver en el juicio de la manda, en el que se juzgó completamente a la víctima por su actitud tanto durante como después de la violación).

La sexualidad femenina ha estado siempre invisibilizada, considerada como algo secundario, sucio y sin importancia. La sexualidad y el placer sexual siempre han girado en torno al varón.

Actualmente, las mujeres tenemos que movernos en la fina línea que separa el estereotipo de mujer santa del de mujer puta, sin ser una mojigata, pero sin tener demasiada experiencia, sobre todo nunca más que el hombre.

<< En el post Ni Santas Ni Putas, Solo Mujeres, explico la dicotomía que sigue existiendo entre el estereotipo de mujer santa y el de mujer puta, que siguen presentes en nuestra sociedad: http://hablemosdefeminismo.com/ni-santas-ni-putas-solo-mujeres/ >>

Una vez más, de esta forma se somete a las mujeres tratando de encajar en unos cánones imposibles, centrándose en cómo deben ser para gustar y ser aceptadas y olvidando objetivos más elevados.

Pero las mujeres no somos un estereotipo, somos personas individuales únicas y valiosas.

Todas estas formas de mistificación de lo femenino, tanto la maternidad, como el amor romántico o la sexualidad de las mujeres, son herramientas utilizadas por la sociedad patriarcal para seguir sometiendo a las mujeres en base al sexismo.

Si las mujeres estamos pendientes de encajar y amoldarlos a todo aquello que se supone que es la feminidad, nos olvidamos o, aunque no nos olvidemos, no tenemos suficiente fuerza después de todas estas demandas extenuantes e imposibles de querer salir al ámbito público y participar de él con las mismas capacidades como hacen los hombres que no tienen esta enorme carga sobre sus hombros.

Es por ello que las mujeres debemos empezar a desquitarnos de todas estas concepciones, aunque el miedo al rechazo social y el peso de la responsabilidad de cambiar la sociedad sean duros de sobrellevar, porque más duro es el peso del sexismo en el día a día del resto de nuestras vidas.

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